13.12.16

Los contra-públicos de las ciclovías

 por LABORATORIO POLÍTICO / David López García,  12 de Diciembre de 2016, 00:01 - 

El movimiento ciclista en Guadalajara tiene casi diez años de haber comenzado. Ha sido un movimiento muy exitoso. Han logrado consolidar una masa crítica de personas y organizaciones que respaldan la agenda. También han tenido éxito en influenciar la planeación y las decisiones públicas del gobierno estatal, el congreso, y los gobiernos municipales. Y quizá lo más trascendente, en alguna medida han logrado incidir en la dimensión física de la ciudad a través de la construcción de infraestructura ciclista.

Sin embargo, en los últimos días ha trascendido que diferentes colectivos de ciudadanos se han manifestado en contra de la construcción de ciclovías en sus colonias. Ya sea a través de protestas espontáneas en las calles o a través de utilizar los canales más formales de participación como la ley de participación ciudadana, diferentes grupos se han ‘activado’ para oponerse a la construcción de las nuevas ciclovías.

La explicación fácil y obvia sería pensar que los partidos políticos de oposición intentan sabotear la candidatura a gobernador de Enrique Alfaro a través fomentar oposición ciudadana a sus proyectos de la agenda ciclista. El que la diputada del PRI Claudia Delgadillo haya acompañado a los vecinos del bulevar García Barragán a entregar las firmas al IEPC solicitando una consulta ciudadana para detener la construcción de la ciclovía, nos confirmaría esta explicación. Pero una mirada más matizada nos dejaría ver explicaciones más profundas, que tienen que ver con los supuestos fundamentales en los que está basado el movimiento ciclista.
Uno de estos supuestos es la construcción de un público imaginario, hipotético. Un público compuesto por habitantes de la ciudad que utilizan su automóvil particular porque no tienen ninguna otra opción. Porque el transporte público es de mala calidad y sus desplazamientos son tan largos que el automóvil es la única respuesta racional para sus necesidades de movilidad. Pero al mismo tiempo, este público imaginario estaría dispuesto a dejar atrás todos sus hábitos cotidianos si tuviera la infraestructura adecuada para desplazarse en bicicleta.
Con este público en mente, los ayuntamientos salen a construir ciclovías suponiendo que encontrarán una gran aceptación vecinal hacia los proyectos. Suponiendo que el habitante de la ciudad que han hipotetizado estará ahí para confirmar que construir la infraestructura ciclista fue la decisión más adecuada. Pero no, esto no sucede así. Resulta que el público hipotetizado no aparece por ningún lado.
En su lugar aparecen otros públicos. La materialidad de la ciclovía también materializa nuevos públicos, unos que no estaban activados porque no había nada por qué activarse. Pero el proyecto constituye nuevas problemáticas que a su vez desatan la aparición de nuevos colectivos que no eran parte del guion original. Y como estos contra-públicos no estaban contemplados en el diseño original de la intervención urbana, los ayuntamientos no tienen un plan para interactuar con ellos.
Los proyectos de infraestructura urbana deben estar preparados para enfrentar la incertidumbre. Los proyectos se diseñan para solucionar ciertos problemas, pero, al mismo tiempo, su implementación construye otros problemas que no estaban contemplados originalmente. Son esos otros problemas los que desatan la creación de los contra-públicos que no estaban en el guion. Estos contra-públicos pueden aniquilar un proyecto.
Coordinador de Investigación del Laboratorio de Innovación Democrática


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