23.12.16

UN FUTURO ANUNCIADO





Felipe Reyes.- Desde el siglo pasado, en que las economías del mundo se cimentaron sobre la posibilidad de explotar el petróleo y otros combustibles fósiles, todo comenzó a cambiar. La energía barata se convirtió en una profunda adicción para personas, empresas, países y sistemas políticos completos que sucumbirían sin su disposición.
Se abolió la esclavitud gracias a la capacidad para sustituir la fuerza laboral por la fuerza energética producida por los hidrocarburos, se generalizaron derechos laborales que habrían sido imposibles sin el petróleo, se incrementó la producción alimenticia de manera que se pudo cubrir un incremento poblacional mayor al de miles de años anteriores, se elevó la capacidad de consumo de las personas a límites impensables antes del boom del petróleo. Se mejoró significativamente el nivel de comodidad en el que viven las personas.
La posesión de petróleo se convirtió en un activo estratégico de alto valor. Los mapas geopolíticos se modificaron. En la medida en que las sociedades se iban haciendo dependientes del petróleo se incrementaban la cantidad de guerras y el tamaño de los ejércitos para garantizar el control, el suministro y la transportación del oro negro.
La abundancia petrolera provocó que prácticamente todas las sociedades del mundo invirtieran una parte importante de sus presupuestos para construir carreteras e infraestructuras para que circularan automóviles. La facilidad para adquirir autos y lo barato de las gasolinas fue incrementando el parque vehicular mundial y el interés de los productores por acceder a nuevos mercados. La industria automotriz y la de la construcción vinculada a infraestructura vehicular se convirtieron en la segunda y tercera más importantes en el mundo, sólo después de la misma producción petrolera. Los tres motores de la economía moderna se convirtieron pilares del sistema político disfrutando de un acceso y control privilegiado de recursos financieros y de una gran capacidad de gestión política e ideológica.
En poco tiempo las aspiraciones de las personas se transformaron. El tipo de automóvil que conduce alguien determina el tipo de persona que es, su nivel de éxito y reconocimiento social: la libertad que tiene. Los publicistas del petróleo lograron convencer al mundo entero de cambiar sus valores por los del automóvil, los del avión, los de la producción petrolera, los de la guerra.
Pero no todo les salió bien.
La salud desmejoró, los hábitos sedentarios se esparcieron en todos los matices de la vida moderna: el porcentaje de población con algún nivel obesidad se multiplicó por 10 con todos los agravantes a la salud pública que esto representa. Los automóviles insertaron la contaminación atmosférica en los núcleos urbanos incrementando los riesgos de enfermedades respiratorias de toda la población.
Las ciudades cambiaron sus tipologías. Las calles fueron invadidas por carros y el índice de muertes por accidentes de tráfico lo convirtió en la primera causa de muerte en menores de 30 años e históricamente se posicionó como una de las primeras causas de muertes humanas por encima de guerras y enfermedades.
Las ciudades crecieron en horizontal con menores densidades poblacionales convirtiendo al automóvil en indispensable y complicando el suministro de servicios básicos. La cantidad de autos se disparó indiscriminadamente y ahora en todas partes la congestión se convirtió en un problema de productividad y de calidad de vida. El ruido en las ciudades actuales sería intolerable para una persona que vivió a inicios del siglo pasado.
Las emisiones de efecto invernadero ahora amenazan con modificar peligrosamente el clima del planeta y acabar con todo lo que conocemos. Además, la época del abundante petróleo terminó hace años y en cualquier momento podría desatarse una carestía que pondría en riesgo nuestra existencia misma.
¿No debería ser prioritario y obligatorio para todos explorar cada alternativa existente?
Felices fiestas.

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