Las ciclovías tienen que seguir pese a quien sea

 por SEAN SERIOS | Roberto Medina Polanco/ntrguadalajara.com

Hace un par de semanas platicaba con unos buenos amigos sobre las posibilidades para moverse en la ciudad. Cuando les dije que no había considerado transportarme en bicicleta, pese a que por las distancias que recorro quizá me sería muy útil, aprovecharon para recordarme todos los beneficios de hacerlo: no contaminas, te olvidas de gastar en gasolina y hasta haces buena pierna.
Yo sé que tienen razón en todo eso, pero nadie me quita la idea de que transportarse en bici en este momento lleva un nivel de riesgo mayor al que uno quisiera. Nunca falta el automovilista que no se fija si viene alguien pedaleando al momento de abrir la puerta del coche; tampoco los más imbéciles, de ésos que les echan el auto encima a los ciclistas o los que los empujan por accidente y prefieren huir antes de revisar si el otro está bien.
En todo caso prefiero el transporte público o simplemente caminar para no tener que batallar todos los días con las complicaciones que trae utilizar el automóvil.
Pero hay otro tipo de personas, como mis propios amigos, que con todo y el riesgo se suben a su bici y recorren la ciudad. Gracias a ellos hemos ganado espacios que antes no teníamos. La red de ciclovías es un proyecto importantísimo si queremos cambiar la movilidad de la metrópoli y darle un pequeño respiro al medio ambiente. Los Municipios y el gobierno del estado han hecho bien en apostarle a la movilidad no motorizada, aunque aún sea un proyecto a largo plazo.
¿Sabe por dónde pasa uno de los principales problemas? Por otro sector de la sociedad que cree que tener un automóvil le da privilegios extras y piensa que nadie puede quitárselos. Son ésos que encienden la camioneta hasta para ir a la tienda que está a tres cuadras.
Para ejemplo, están los vecinos que se oponen a la construcción de la ciclovía en el bulevar Marcelino García Barragán. Aunque ésta ya registra un avance por arriba de 70 por ciento, los inconformes han pedido que sea retirada porque, dicen, provoca más caos vial en la zona. ¡Imagínese! Oponerse a un proyecto que no puede traer más que beneficios porque representa un problema con el automóvil. La bronca es que la ciudad ha sido planeada por décadas bajo esa misma lógica, pero ya estuvo bueno.
La queja de los vecinos llegó hasta el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana, que esta semana aprobó que se realice una consulta popular sobre el proyecto; esto, por supuesto, tiene muy molestos a los colectivos de ciclistas, que sienten que su derecho será sometido a votación.
En el mismo interior del organismo hubo discusión sobre la pertinencia de llevar el proyecto a consulta: hubo quien alegó que los derechos no podían someterse a un ejercicio de este tipo; la contraparte argumentó que no aprobar la consulta sería ir en contra de la libertad de expresión de quienes la solicitaron.
¿Cuál terminará siendo el desarrollo de esta historia? Sea cual sea el resultado de esa consulta popular, éste no será vinculante; es decir, ya sea a favor o en contra, la última palabra sobre la obra la tendrá el gobierno del estado.
Si el resultado llega a ser en contra de la vía ciclista, sólo esperemos que el gobernador y los secretarios involucrados sepan entender el momento y no cedan ante los vecinos que quieren todo para el automóvil.
Una red amplia de ciclovías nos acercará más al que debe ser el objetivo: tener más opciones para transportarnos además del automóvil y que éstas sean seguras y de calidad. Si llegamos a eso, seguramente yo y muchos más nos animaremos a subirnos a la bici.
* Editor de ZMG en El Diario NTR Guadalajara

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