30.6.17

La presencia frágil y abundante

 Felipe Reyes Cafeína urbana/http://okupo.mx/

Pareciera lógico que si incrementamos la cantidad de bicicletas circulando en la calle, también incrementaríamos la cantidad de accidentes ciclistas, atropellados y bicis blancas –ese cenotafio escalofriante que nos recuerda que un ciclista perdió la vida. Sin embargo, la ecuación de más bicicletas en la calle trae justo lo contrario.

Un incremento en las personas que eligen usar la bicicleta como su medio de transporte, representa siempre, como se ha comprobado en diferentes ciudades del mundo, la más importante condición para aumentar la seguridad, no solo de los ciclistas sino de todos los usuarios de la calle.

El uso masivo de bicicletas trae efectos positivos inmediatos que provocan una ciudad más segura en términos viales. La presencia constante de ciclistas y el incremento de su visibilidad suele ser un factor determinante para fijar en el imaginario colectivo al pedaleante como un usuario normal de la calle que debe ser respetado.

El proceso de visibilización de los ciclistas desarrolla y modifica hábitos en el automovilista, provocando que se vuelva una costumbre fijarse en las bicicletas y respetarlas; la velocidad se reduce naturalmente –como ya ocurre en nuestra ciudad en algunas zonas con alta presencia ciclista– los autos paulatinamente dejan de acercarse demasiado a las bicicletas en circulación, se habitúan a su posición en las calles, son más precavidos al girar, respetan su lugar en el carril y circulan detrás.

Además la disminución a velocidades humanas y no de máquinas en algunas zonas, incentiva la integración social, la recuperación del uso humano del espacio público, y las consecuentes recuperaciones económicas y políticas de la ciudad.

Claro que es un proceso, y claro que requiere acompañamiento, difusión de información, normativas y educación vial; pero de todos los elementos que modifican los malos hábitos de conducción de los automovilistas, la presencia frágil y abundante de ciclistas suele ser la más efectiva.

El problema es entonces ¿Cómo hacemos que más gente salga a pedalear?

Cuando uno pregunta a alguien que no va en bici por qué no pedalea, la respuesta suele ser: “por la inseguridad vial y el supuesto peligro que se atribuye a andar en bicicleta en la ciudad”.

En ese sentido habría que difundir mucha información: Si bien hay un riesgo de accidente al circular en bicicleta, ese riesgo no es mayor a moverse en automóvil o en transporte público. Y eso hay que decirlo. Como dato curioso hay que decir que es mucho más frecuente y peligroso un accidente en la cabeza a bordo de un vehículo automotor que en una bicicleta a pesar de que el imaginario colectivo crea importantísimo el uso del casco en ciclistas y nadie considere que se debiera usar uno cuando se circule en automóvil.

En Guadalajara el 38% de las personas contestaron, en la encuesta de preferencia declarada en 2008, que andarían en bicicleta si hubiera infraestructura ciclista. Y no es mentira: en los polígonos que ya cuentan con corredores ciclistas y señalética se ha incrementado notablemente la presencia de bicicletas y solo en la ciclovía en Boulevard Marcelino García Barragán se han triplicado la cantidad de trayectos bici en solo seis meses.

Es por eso que es importante el desarrollo de infraestructura apropiada que segregue donde sea necesario e indique con claridad que debe hacer cada usuario de la calle. Paulatinamente, iremos generando hábitos predecibles de comportamiento e irá mejorando nuestra cultura vial. Pero lo que nunca debemos perder de vista es que el factor más significativo en lo que a seguridad ciclista concierne es la presencia frágil y abundante de más ciclistas.

Ningún otro elemento es, ni aquí ni en China, tan efectivo en la reducción de accidentes.

No hay comentarios.: