19.6.17

Por qué las ciclovías le convienen a toda la población

Por Juan Palomar Verea jpalomar@informador.com.mx/El Informador

De un tiempo a esta parte se han intensificado los esfuerzos por continuar estableciendo una red de ciclovías en la zona metropolitana de Guadalajara. Aunque en general esos trabajos han sido bien recibidos por la población, parece haber sectores reacios a la implantación de esta medida. Conviene analizar la situación en busca de la necesaria claridad.

La movilidad metropolitana hace tiempo que está en crisis. Como era más que predecible, el modelo de transporte orientado al uso intensivo de vehículos particulares ha rebasado con mucho la capacidad vial de los espacios de circulación. Son cientos los contextos en los que cada vez con mayor frecuencia el tránsito automotor se colapsa. Esta situación es altamente perjudicial en términos ambientales y económicos, y en un sentido más amplio, demerita grandemente la calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad.

Ante esa problemática, resulta imperativa la búsqueda de alternativas para la movilidad metropolitana. El uso de la bicicleta es uno de los principales recursos para ello. Pero conviene recordar por qué. Es un medio de locomoción económico, saludable, eficiente y ambientalmente sustentable. Además es accesible a sectores demográficos muy amplios. En un contexto físico como el de nuestra ciudad, en la que la topografía general es moderada, la bicicleta resulta con mayor razón un método de desplazamiento conveniente. El clima local, en amplios términos favorable, es otro factor que se aúna a todos los anteriores.

Es relevante, por demás, decir que en otros contextos, incluso con economías más prósperas y condiciones climáticas mucho más adversas, la bicicleta es usada intensivamente por la población. ¿En dónde reside la diferencia? En el grado de conciencia acerca de los efectos ya mencionados del empleo de la bicicleta. Los que inciden sobre la propia salud, economía y calidad de vida; y los que redundan en el bien común.

Ante la implantación de algunas de las recientes ciclovías se han suscitado ciertas voces de protesta y oposición por sectores de vecinos y de automovilistas. Ante ello, es básico recordar un hecho repetidamente demostrado: la movilidad alternativa, representada por la bicicleta, redunda en el beneficio general para la población. Incluyendo a automovilistas y vecinos.

Pero es necesario apelar a dos principios básicos de la convivencia ciudadana: la búsqueda del bien común y de la tolerancia. El bien común queda más que servido cuando una parte sustancial de la presión sobre la rebasada capacidad de las vialidades se canaliza al uso de la bicicleta. La tolerancia es indispensable para adecuar hábitos adquiridos y aceptar, en nombre del bienestar comunitario, pequeños o medianos ajustes en las costumbres cotidianas. De eso se tratan las ciudades: de vivir conciliando continuamente los intereses particulares con los de la sociedad.

Al mismo tiempo, nunca está por demás continuar, por la vía de los hechos, convenciendo a la población de que el uso de la bicicleta es una alternativa real, conveniente, inmediata.

No hay comentarios.: