12.7.17

Ciclovías y consultas públicas


por APARADOR | Sergio René de Dios/ntrguadalajara.com

Que a la consulta pública por la permanencia o no de la ciclovía en bulevar Marcelino García Barragán hayan acudido a votar este domingo 22 mil 142 personas, que más de 60 colectivos bicicleteros se unieran para promover el sí a la ciclovía, que cientos de jóvenes y adultos de distintos lugares de la zona metropolitana se movilizaran para respaldar o no la consulta popular, que cerca de 4 mil de los votantes sean de 17 años o menos, que la jornada haya sido en ambiente de festejo dominical, no son cifras, voluntades colectivas o escenas que se puedan menospreciar. En términos cualitativos, lo que sucedió este domingo fue una movilización social relevante en un periodo no electoral, sin la sujeción de los partidos políticos.

Sea en favor o en contra de la vía, sin analizar el resultado, la sola participación social voluntaria, entusiasmada, sin buscar una alcaldía, una diputación, una regiduría o cualquier cargo público, es trascendente. Detrás de la consulta no estaba la guerra sucia partidista por obtener un cargo, como las elecciones tradicionales; eso, sin dudar que detrás no faltaron intereses políticos, que fueron rebasados. La participación lograda, si bien no fue enorme numéricamente sino modesta, es importante en una sociedad como la tapatía, en la que abundan la abulia política, los criticones mal informados y descalificadores de las redes sociales, y autoridades gubernamentales y grupos políticos que suelen manipular a sus intereses cualquier viso de voluntad masiva.

Los resultados de la consulta popular no tuvieron validez legal. Sí, pero la votación generó legitimidades simbólicas que van más en otro sentido: legitimidad al derecho de votar no solamente por propuestas de los partidos políticos pese a que ésta la haya promovido con fines políticos una diputada del PRI; aval a la movilidad no motorizada en otras avenidas metropolitanas; legitimidad de exigir un mejor espacio público para todos los habitantes de la urbe; apoyo para demandar no más muertes de quienes circulan en bicicleta; legitimidad de llamar la atención a temas aledaños a las ciclovías como la contaminación ambiental o el derecho a la salud. Vista positivamente y a futuro la consulta deja una semilla, pequeña como toda semilla: construyó condiciones para organizar otras demandas y movilizaciones sin la partidocracia jalisciense, más preocupada por intereses personales y de grupo.

Es cierto que esta consulta popular no debió realizarse dado que el uso de la calle es un derecho a un espacio colectivo que necesitamos aprender a compartir. De ahí que uno de los grandes pendientes es legislar para impedir se voten derechos ya conquistados. Es cierto también que muchos ciclistas cometen graves imprudencias cuando circulan en sus biclas, que hay ciclovías metropolitanas con poca afluencia, que algunas vías están técnicamente malhechas, que las ubicadas frente a fincas ocasionan ciertas molestias a los vecinos y que debe escucharse y atenderse a éstos, como son los del propio bulevar Marcelino García Barragán. Con ese panorama, más allá de quiénes ganaron, corresponde a bicicleteros, vecinos y autoridades resolver tales problemáticas y las que surjan.

Lo ausente en estas movilizaciones son las demandas específicas de miles de habitantes que, antes de que fuera una moda o una decisión de sectores clasemedieros el tomar una bicicleta, se han transportado desde hace décadas en bicis. Me refiero a obreros, albañiles, comerciantes, empleados, estudiantes de zonas populares como el Cerro del Cuatro que usan las biclas por la falta de recursos para trasladarse a sus escuelas, mercados, casas y sitios de trabajo. Cada mañana circulan en numerosas calles y avenidas del sector Libertad, en el sur de Guadalajara o en zonas empobrecidas de Zapopan y el resto de municipios. Ahí no hay ciclovías. Ahí están los excluidos sociales. Ahí no hay consultas públicas.

sergiorene.dedios@gmail.com

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