10.7.17

Crónica Ciudad


Atropellado por un auto
Por Moisés Navarro/pagina24Jalisco
A principios del siglo XX en Guadalajara eran cosa extraña los accidentes automovilísticos; cien años después, en un solo mes se cuentan por millares/Foto: Cortesía
A principios del siglo XX en Guadalajara eran cosa extraña los accidentes automovilísticos; cien años después, en un solo mes se cuentan por millares/Foto: Cortesía
En una nota en la hemeroteca encontré una nota con un encabezado que llamó mi atención: “Atropellado por un auto”. Desde luego que por estos días uno puede ser atropellado por un camión (sobre todo si se trata de transporte público, pues ya conocemos el sistema inmundo que rige a nuestros transportistas) o alguna motocicleta.  No había reparado que antes, mucho tiempo antes, uno podría ser atropellado por alguna otra cosa. Por ejemplo, trenes, tranvías ―lo cual debe ser común en otros países, que sí tienen este tipo de sistemas― pero, en el siglo XIX y a inicios del siglo XX uno podía ser atropellado por animales domesticados.
Una nota escrita en el periódico El Continental del año 1895, decía que un gendarme fue atropellado por un novillo que se soltó de un corral y que también hizo destrozos y golpeó a otras personas durante su efímera corretiza en total libertad. En otra nota, en ese mismo periódico y por las mismas fechas, un hombre es atropellado por un caballo. En ambos casos, nos informa el diario, las heridas son leves y de pocas consecuencias.
Es hasta después de la segunda mitad de la segunda década del siglo XX cuando ya se comienza a hablar de atropellados por vehículos. Por ejemplo, “Caminaba el joven Ramón Ortega en compañía de su amigo Alfredo Águila por la Calzada Independencia Sur y, al llegar a la Calle 11 del Sector Juárez, fue atropellado por un automóvil, que no llevaba número, ocasionándole fracturas en las piernas”.
En aquella década, eran tan pocos vehículos que eran identificables por su número. Lo que equivaldría a las placas actuales. En la misma década las notas de choques vehiculares comenzaron a hacerse constantes en los periódicos de circulación local.
Una nota de 1921 contenida dentro del periódico El Informador, contaban que los automóviles 5 y el 129 habían chocado en los cruces de Pedro Moreno y Corona. En otra de 1919, informaban que vehículos propiedad de los señores licenciado Espiridión González y doctor Adolfo Sancedo habían colisionado en el cruce de Juaréz y 8 de Julio. En otra más ―esta nota, sí con mayor detalle y también de 1919― contaban que en el cruce de Santuario y Gabino Barreda, los vehículos 718 y 584 chocaron entre ellos y sufrieron serios desperfectos. El 584 pertenecía a un tal Agustín Navarro Flores y el 718 a un don Jesús B. Hernández.
Ninguno de los accidentes que se suscitaban en la época causaba heridas de gravedad. Los vehículos aun eran pesados y no eran más veloces, por más que en las editoriales de la época recomendaran a los automovilistas bajar sus velocidades a las marcas reglamentarias para evitar causar atropellamientos. La mayoría de los accidentes sucedidos tuvieron lugar en la Calzada Independencia. Puedo especular que era la vialidad que permitía mayor velocidad al reciente y cada día más creciente tránsito vehicular.
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Según cifras de la Secretaría de Movilidad (Semov) fueron 6 mil 242 los accidentes viales durante el mes de mayo del año en curso. Dejaron un saldo de mil 434 heridos, 165 muertos en el lugar de los hechos, y 580 muertos en total.

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