7.7.17

La ciudad que soñamos ser

Han pasado 10 años.  Concientizar a una ciudad profundamente conservadora sobre la urgencia de cambiarse a sí misma para construirse un futuro mejor ha sido una batalla que, en muchas ocasiones, ha parecido simplemente imposible.
La bicicleta como medio humilde e igualitario confronta, desde su fragilidad, no sólo el espacio físico por décadas otorgado a los autos; simbólicamente confronta también un sistema aspiracionista de consumo insostenible que cataloga y otorga derechos a las personas por lo que poseen. Confronta los poderes establecidos; representa la aspiración de democracia real, justicia e igualdad de una generación entera.
El triunfo de las bicicletas representa el triunfo del frágil, de la diversidad, del respeto entre personas, del oprimido, del pobre, del que se rehúsa tajantemente a caminar siempre con prisa, del que sueña con un mundo mejor. El triunfo de las bicicletas representa el triunfo de la humanidad que queda en nosotros.
Estos 10 años no han sido fáciles, hemos sido acosados, amenazados y señalados, han mandado helicópteros a sobrevolar manifestaciones esencialmente lúdicas y festivas. Han enviado infiltrados en nuestras organizaciones y se los hemos devuelto convencidos del sentido de nuestra causa.
Hemos convencido, con argumentos, a decenas de periodistas y líderes de opinión en todos los medios; palabras como movilidad, bicicleta, ciclista o sustentable han invadido todos los espacios de comunicación en la ciudad. Hemos tomado las calles, una y otra vez, para permitir el juego, para que circulen simples bicicletas, para denunciar el abuso sistemático que significa el secuestro de nuestras calles por flujos interminables de automóviles, para devolverlos a la gente, para conocernos unos a otros.
Acampamos, hicimos pintas, dialogamos con infinidad de personas, tomamos por asalto las redes sociales, detuvimos un segundo piso que amenazaba con partir nuestra ciudad en dos. Invitamos a decenas de expertos en movilidad del país y de todas partes del mundo a Guadalajara.
Caminamos y pedaleamos juntos  por nuestra ciudad una y otra vez para reconocerla; paulatinamente, académicos, colegios de profesionistas, cámaras empresariales y universidades han ido sumándose y tratando de entender a un movimiento social urbano, orgánico, caótico, sin pies ni cabeza visibles, que se articula y cohesiona a si mismo sorprendentemente bien cada vez que ha sido necesario.
Los políticos, de todos los partidos, entendieron lo atractivo que en términos electorales significaba soñar con una mejor ciudad. Adoptaron el discurso de las bicicletas y ahora compiten por hacer avanzar la agenda ciclista. Nos han colocado en trincheras diferentes y aun así seguimos perfectamente articulados. Los últimos años han visto emerger un pequeño gran avance que hace 10 años ninguno de nosotros hubiéramos vislumbrado.
Pero falta por hacer la mayor parte. La ciudad necesita una red ciclista 10 veces mayor a lo hasta ahora logrado, cuadruplicar el sistema de bici pública, integrar efectivamente el tránsito ciclista con las redes de transporte público y campañas masivas de educación vial y concientización para asegurar una transformación total del paradigma. Vislumbrémoslo.
La consulta del próximo domingo es un error de la democracia que, con cinismo, somete a valoración de la opinión pública no sólo los derechos de terceros, sino la posibilidad de futuro y el sueño mismo de una mejor ciudad. Por eso hay que votar, votar bajo protesta por una consulta que no debió haber sido, pero votar. No sólo para defender una ciclovía, sino para defender la ciudad que soñamos ser.
Es nuestra ciudad, somos nosotros.

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