26.11.17

EN EL DEBATE / Ya no más autos

Felipe Reyes y Carlos Romero/Mural 

Felipe Reyes

Tener un auto siempre ha sido un mal negocio y cada vez será más. Sólo al sacarlo de la agencia su depreciación ya implica una pérdida incomparable a cualquier otra compra, y el gasto mensual que implica, desde su consumo de gasolina hasta seguros, estacionamientos, mantenimiento, etc. lo convierte en la manera más cara, además de ineficiente, de desplazarse de un lugar a otro.

Además, la sobrepoblación de automóviles en el mundo, las crisis ambientales en muchísimas ciudades y el inevitable encarecimiento de los combustibles ya provocan cambios sustanciales en las industrias que alimentan la fantasía del uso masivo de automóviles. En el futuro, cada vez más próximo, la propulsión por electricidad y las tecnologías de autoconducción robótica apuntan a la obsolescencia de los autos como los conocemos.

Muchas ciudades ya legislan prohibiciones del uso de automotores a gasolina y los modelos de negocio de carros por demanda, tipo Uber, siguen creciendo. En el futuro será más lógico que una ciudad como Guadalajara tenga una flota de unos 200 mil vehículos eléctricos de conducción autónoma y por demanda, que lleve con total comodidad a todos los habitantes a sus destinos de manera mucho más eficiente en tiempo, espacio y recursos energéticos; y por lo tanto mucho más barata para el usuario, para el ambiente y para las sociedades que pagan con sus impuestos las increíblemente costosas infraestructuras que las ciudades necesitan para que circulen automóviles actualmente.

El irremediable cambio económico podría ser mayúsculo. Las industrias del petróleo podrían prácticamente desaparecer en las próximas dos décadas o al menos perder su influencia. La industria automotriz se reducirá significativamente y sólo prevalecerán aquellas empresas que hayan sabido adelantarse al futuro. Y no sólo los grandes corporativos transnacionales; gasolineras, talleres mecánicos, refaccionarias, estacionamientos y otras empresas de carácter local tendrán que ir adaptando sus giros a dinámicas de consumo completamente diferentes.

Las ciudades también podrían enfrentar grandes retos. Gran parte de los territorios urbanos en la mayoría de las ciudades contemporáneas dependen del uso de automóviles. Su descontinuación y prohibición traerá modificaciones en los valores de la tierra. Las propiedades suburbanas podrían sufrir depreciación en su valor y los centros urbanos enfrentar una fuerte tensión inmobiliaria difícil de sostener en términos sociales. La cercanía volverá a ser el factor clave de valoración inmobiliaria.

Aun ante esta realidad, seguimos comprando autos: 88 mil nuevos autos en Jalisco y 66 mil sólo en el Área Metropolitana en lo que va de 2017. No sólo significan un gran problema para la congestión que la ciudad ya de por sí sufre y porque simplemente no hay espacio para más autos; además es de considerarse la enorme cantidad de dinero que los tapatíos perdemos por la obsesión motorizada y la incapacidad para resolver nuestras problemáticas de manera colectiva. Los 3 millones de autos en Jalisco cuestan al menos 300 mil millones de pesos y sus gastos de operación andan sobre los 12 mil millones de pesos mensuales, sin contar que los gobiernos, estatal y municipales, están atrapados en un constante gasto de mantenimiento de calles, avenidas, estacionamientos, semáforos, policías viales y decenas de etcéteras que cuestan otros miles de millones de pesos anuales provenientes de nuestros impuestos. ¿No sería mucho más rentable y lógico que en lugar de tirar nuestro dinero masivamente invirtiéramos en desarrollo tecnológico y producción inteligente de algún transporte para el futuro? ¿O simplemente esperaremos a que lleguen Google, Tesla, Uber y otras empresas internacionales de tecnología a depreciar el valor de todo lo que poseemos?



Director de Movilidad No Motorizada del Instituto de Movilidad y Transporte de Jalisco.







Carlos Romero



Si diseñas una ciudad para autos y tráfico obtendrás autos y tráfico, desde hace décadas en Guadalajara se le ha apostado al transporte privado, que además es comúnmente monopersonal, sin medir las consecuencias que esto podía tener a futuro y que hoy ya es evidente, graves errores como las emblemáticas transformaciones de los grandes ejes, en aquel tiempo concebidos para el futuro, siguiendo la moda del urbanismo moderno que, aunque se pensó en Europa, tuvo sus más atroces y flamantes aplicaciones en Latinoamérica, obras que se hicieron en el siglo pasado como Federalismo-Colón en los 70, y el eje Javier Mina-Hidalgo- Vallarta, Alcalde y 16 de septiembre, en los 50, y la Calzada Independencia al inicio del Siglo XX, que apostando por una supuesta fluidez vehicular condenaron a la capital jalisciense el caos vial que padecemos.

Si diseñas una ciudad para personas tendrás gente feliz, debemos urgentemente tener un proyecto de Ciudad, un camino para ello sin duda es el POTMet y el PDM, pero falta mucho, son instrumentos todavía muy generales que no aterrizan en cuestiones específicas donde haya compromisos y presupuestos claros para consolidar algunas de las políticas que en esos documentos se proponen.

Las ocurrencias de cada uno de los Alcaldes y sus equipos en los Municipios metropolitanos van ahogando las posibilidades de un mejor futuro para todos, en particular a las personas más vulnerables, el que la mayor parte de los presupuestos se sigan gastando en calles, sustituciones de asfalto por concreto hidráulico y reencarpetamientos, no sólo no alivia ningún síntoma sino que impulsa el tráfico inducido.

Si se comprende que el espacio público es finito, entendemos que las calles se llenan, los coches son como el gas, ocupan cualquier espacio disponible, llámense banquetas, estacionamientos o calles, mientras más facilidades haya, añadiendo a esto el triste fenómeno aspiracional de estatus al tener vehículo, va a llegar un momento, afortunado creo yo, de inmovilidad, donde sea más evidente todavía que desplazarse en bicicleta es muchísimo más eficiente que en coche, por ejemplo.

Según publicaciones, la velocidad promedio de las avenidas y arterias principales de la metrópoli anda en alrededor de los 10 kilómetros por hora, sólo poco más del doble de la velocidad a la que se desplaza un peatón y dos terceras partes de la velocidad a la que cualquier ciclista lo hace en una zona urbana.

La incorporación de 88 mil vehículos al padrón del Área Metropolitana de Guadalajara en los primeros ocho meses del año es un claro pronóstico de más tiempo en el tráfico y peor calidad en los desplazamientos y por ende en la calidad de vida. En estas épocas del año muchas familias, haciendo un gran esfuerzo que representa una parte importantísima del presupuesto familiar (más del 30%), utiliza aguinaldos, bonos y facilidades de pago para comprarse un auto, en buena parte obligados por la carencia de opciones cómodas, seguras y atractivas de transporte público. Como un punto de contraste, si seguimos con el crecimiento actual en automóviles privados en el País, para 2030 tendremos 70 millones, 50 más que en 2009, año en el que teníamos apenas 20 millones, según información de ITDP México, en su documento "Transformando la movilidad urbana en México".

Vámonos haciendo el ánimo, a falta de tomar decisiones acertadas de apuesta al transporte público masivo y eficiente, para que todos esos nuevos autos, más los que se incorporan de otros Estados y los famosos "chocolate", se sumen a la selva asfáltica existente, y con ello más tiempo perdido, más estrés y desde la visión de muchos políticos más gasto en calles. "Siembra calles y cosecharás coches", parece que no lo terminamos de entender.



Especialista en Movilidad Urbana.



opinion@mural.com

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