30.1.18

Ciudad y desigualdad

POR CARLOS M. OROZCO SANTILLÁN/El Occidental


Uno de los enfoques confusos de los analistas urbanos o de la cuestión de la ciudad es encauzar más sus observaciones desde la perspectiva de la corrupción y la mala política, que desde las profundas entrañas de la desigualdad que las ciudades mexicanas, tienen como característica.

En Guadalajara son sus planes parciales manipulados y alta plusvalía en la inversión pública que hace ganar enormes utilidades a los hambreadores inmobiliarios, o bien la pésima planeación de la metrópoli, lo que hace minimizar las formas de mayor exclusión y desigualdad que la caótica ciudad presenta, más allá de la corrupción de los gobiernos.


La ciudad es una extensión de nuestra identidad, a la cual estamos acostumbrados y por lo tanto vemos con naturalidad las formas urbanas concretas de esa lamentable diferencia de clases que, para entenderlo mejor, podríamos identificar a través de algunos ejemplos muy elementales.

Uno de éstos es la habitual aceptación del forzado vocacionamiento de los usos de suelo, tipo aquella zona del calzado ya decaída en el sector libertad, o la del vestir en el sector reforma, que otorga a quienes viven lejos de estos densos centros poblacionales una vida de confort que no incluye a la masa clasemediera de consumidores que ahí generan caos vial y degradan la vida de los barrios, con la pérdida de la tradicional mezcla de usos de la ciudad anterior a la que hoy padecemos.

Otro ejemplo palpable son los cotos o ciudades amuralladas que excluyen a los que no logran vivir dentro o fuera de éstos y pierden el sentido público de las vialidades que originalmente le pertenecieron a toda la población, como los parques y las arterias colectoras. En este tema Guadalajara es probablemente la ciudad más excluyente de América Latina con casi 15% de su área urbana total secuestrada por maniobras jurídicas para construir adentro de campos amurallados los famosos “ghettos” de la clase pudiente.

Paradójicamente ninguna ciudad en México, y menos Guadalajara, ha sido planeada y vocacionada para el servicio de su mayoría poblacional, es decir, una ciudad para las mayorías peatonales que utilizan el transporte público colectivo como el servicio fundamental para mover la economía y hacer habitable esta urbe al resto de la población. Por el contrario, ser sobreviviente a bordo de una bicicleta o vivir subhumanamente a bordo de un peligroso y arcaico transporte público convierte a la mayoría trabajadora de esta ciudad en una muestra de las aberrantes formas de desigualdad urbana.

Tener un auto en una ciudad diseñada para el monarca automóvil, nos convierte junto con la exclusión y la inexistencia de parques, en un participante más de esta notable cadena de desigualdad.

Sin embargo, existe otro factor del cual se enorgullecen muchos jaliscienses porque son ejemplos de alta calidad material pero pésima utilidad social para las minorías excluidas en la capacidad de compra y de uso: las plazas comerciales que han ido sustituyendo los memorables parques arbolados y de uso comunitario que le dieron carácter de ciudad amable a Guadalajara. Probablemente la próxima generación de analistas urbanos deban rebuscar menos sus opiniones y convocar más a los ciudadanos como agentes de la verdadera política, es decir, educar desde hoy a los niños en esa gobernanza que deberá crear la ciudad del futuro a partir de la igualdad y por lo tanto, de una mayor civilidad.



Presidente del Colegio de Arquitectos y Urbanistas de Jalisco

carlosm_orozco@hotmail.com

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