Se asfixia Jalisco con automóviles



por Sonia Serrano Íñiguez/ntrguadalajara.com

El siglo que transcurre es motorizado. En 2000, en Jalisco había 20 autos por cada 100 personas, mientras que el año pasado el registro de automotores fue de 44.5. Es decir, creció más del doble.
Según datos proporcionados por el director del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG), Rogelio Campos, con las cifras que dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2017 el registro de automotores en Jalisco fue de 3 millones 605 mil 557.
De esas unidades, casi 59 por ciento son automotores particulares, es decir, 2 millones 115 mil 230. El segundo lugar lo ocupan los camiones y camionetas para carga, que representan 29 por ciento del total. Además, hay 416 mil 016 motocicletas, que representan 11.5 por ciento de los automotores, y apenas 11 mil 576 camiones para pasajeros, 0.3 por ciento del total.
En 2000, los vehículos particulares representaban 56.1 por ciento de los automotores registrados en circulación, mientras que los camiones y camionetas de carga eran 39.2 por ciento, las motocicletas 4 por ciento y los camiones para pasajeros, 0.7 por ciento.
El caos vial que todos los días afecta a la zona metropolitana tiene una razón clara. Si se revisa más atrás, en 1980 había apenas 202 mil 910 vehículos particulares registrados, es decir, menos de 10 por ciento de los que se reportaron el año pasado. Esto hablaría de un crecimiento de 942.4 por ciento en menos de cuatro décadas.
En contraste, según el vaciado de datos del IIEG, en el mismo periodo, el número de camiones de pasajeros creció apenas 162 por ciento, ya que en 1980 había 4 mil 402 autobuses y en 2017 aumentó apenas a 11 mil 576.

Los motivos

El director del Instituto de Movilidad y Transporte del Estado de Jalisco, Mario Córdova España, informó que más de 2.4 millones de los automotores registrados en el estado se encuentran en el Área Metropolitana de Guadalajara, de los que 1.8 millones son de uso privado.
De los factores que han influido para este incremento en el número de automotores está el modelo de crecimiento expansivo de las ciudades, explicó Córdova España, aunque también el subsidio que había para los combustibles y el fácil acceso a créditos para comprar vehículos.
A eso se suma, aceptó, “los malos servicios de transporte público, sin duda” y, de alguna manera, las facilidades para el ingreso de autos de Estados Unidos y la desaparición del impuesto por tenencia de vehículos.
La motorización de las ciudades ha deteriorado la calidad de vida de sus habitantes, afirmó Mario Córdova, pues hay mayor sedentarismo, aumenta el tráfico, el ruido, la contaminación y los accidentes. Indicó que la infraestructura vial es insuficiente y, a pesar de la inversión en este rubro, no puede crecer a la par que el número de automotores.
De las medidas que podrían tomarse para revertir este modelo, el especialista dijo que debe apostarse a sistemas integrados de transporte público, las ciudades caminables y cicloinclusivas, la movilidad no motorizada, el desarrollo urbano más cohesivo y compacto, y abatir la desigualdad social en la movilidad.

Vivienda extraurbana

Mario Silva Rodríguez, director del Instituto Metropolitano de Planeación, coincidió en que una de las principales causas de la motorización es la dispersión de la vivienda, sobre todo entre 2000 y 2010, a partir de la política que se promovió en el sexenio del presidente Vicente Fox de “vivienda extra urbana, de suelo barato y de interés social, pero sin servicios, sin la posibilidad de tener transporte público que los conecte”. Un ejemplo es el fraccionamiento Santa Fe, en Tlajomulco.
También hizo referencia a la facilidad para comprar vehículos. Por ejemplo, entre 2008 y 2011 Jalisco fue líder en la compra de camionetas tipo SUV en América del Norte. Esto no significa más ingresos, sino menor costo de deuda para comprarlos.
Consideró que el reto debe ser la redensificación de la ciudad y la construcción de vivienda a precios accesibles para todos, así como la disminución o incluso desaparición de cajones de estacionamiento en las mismas.
Silva aclaró que tampoco debe satanizarse el uso del auto, porque está asociado a la idea de tener un patrimonio, pero también a la seguridad y al confort, además de que en las discusiones se ha polarizado a la población. Lo que debería ponerse sobre la mesa, opinó, “es la multimodalidad. Sí tenemos que equilibrar hacia modelos no motorizados más sustentables, pero también darle el enfoque al auto de un uso más racional”, una movilidad inteligente, la afinación y verificación, y el uso compartido.

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